Prevenir la reacción alérgica

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Podemos prevenir la alergia o disminuir sus consecuencias tan solo con modificar algunos hábitos de vida. No se puede saber si se superará o no una alergia, pero tanto llegue ese momento como si no, se tiene que evitar sufrir una crisis. A menudo sucede que una alergia desaparece pero se desencadena otra (por ejemplo, un niño que de pequeño solo es alérgico a varios alimentos de mayor puede llegar a comer de todo pero desarrollar alergia al polen). También se ha de tener en cuenta que los niños con padres o hermanos alérgicos tienen mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad, y por lo tanto hay que prestar mayor atención a los síntomas recurrentes.

Las personas alérgicas también deben de conocer y evitar las sustancias que provocan las denominadas “alergias cruzadas” es decir, sustancias que, siendo diferentes a las que provocan la alergia, pueden tener una relación o similitud a nivel biológico o químico con éstas pudiendo provocar síntomas iguales o parecidos. Por ejemplo, una persona alérgica al polen deberá evitar las infusiones de manzanilla en las que también se puede hallar polen.

A continuación encontrarás consejos prácticos que no te costará mucho aplicar y que te ayudarán considerablemente a mejorar los síntomas de la alergia.

Evita el alérgeno

La primera medida para prevenir una reacción alérgica es no entrar en contacto (directo ó indirecto) con la sustancia alérgena. Hay elementos fáciles de controlar pero otros que pueden estar camuflados y estar haciendo daño. A continuación te indicamos algunos de éstos y te mostramos donde se esconden ó como evitar su efecto al máximo:

Polen: es importante saber cual es la planta que provoca la alergia para así conocer su época de floración y tomar medidas preventivas. Evitar secar la ropa al aire libre (mejor dentro de casa o en secadora) para que no se llene de polen. No ventilar la casa en las primeras horas de la mañana y procurar no salir a la calle los días de mucho viento.

En el baño de tu bebé utiliza productos sin perfumes ni detergentes para proteger su piel, sobretodo si es seca, áspera o irritada. Lee con detalle los ingredientes pues muchos de los productos llevan extracto de plantas o proteínas de leche.

Ácaros: los excrementos de los ácaros, mezclados con el polvo de la casa, es uno de los principales causantes de alergia. Por ello en casa se aconseja:

  • Quitar el polvo de los muebles con una bayeta húmeda y aspirar y fregar el suelo a diario.
  • No superar la temperatura de 20ºC ni una humedad de más del 50%
  • No tener en el dormitorio ni libros, ni alfombras, ni peluches (para prevenir los ácaros en los peluches se pueden meter en una bolsa de plástico durante 2 días en el congelador y luego lavarlos a temperatura normal).
  • Las sábanas, siempre de algodón, hay que lavarlas a 60ºC con un programa largo para eliminar por completo a los ácaros.

Moho: el moho es otro alérgeno doméstico y su hábitat idóneo es la humedad con una temperatura de 25ºC a 30ºC . Hay que tener cuidado con las manchas de humedad, el baño y la cocina, con la tierra de las macetas, la nevera, el aire acondicionado en mal estado, los colchones mal ventilados y las zonas de las ventanas donde se produce condensación. Evita en general todas las situaciones húmedas (ropa secándose dentro de casa, fuentes de agua…) y un uso incorrecto o exagerado de los humidificadores (humedad no superior al 55%).

Animales domésticos: el pelo, la caspa, las plumas, las heces y los piensos contienen sustancias alérgenas. Se aconseja no tenerlo en casa si la alergia que se padece es elevada.

Animales de granja: algunos niños son alérgicos a la vaca, oveja, conejo… carnes que se eliminan de su dieta pero también hay que revisar todos los productos de la casa que sean de origen animal, tales como sofá, cama, cojines con plumas y crin de caballo, mantas, colchas y prendas de vestir de lana de oveja.

Metales: algunas joyas como pendientes y pulseras pueden llevar trazas de níquel provocando alergia a este metal.

Cuidado con otros productos

Existen sustancias que nos rodean a diario y a las que hay que prestar atención pues pueden ser la causa de un empeoramiento de nuestra enfermedad.

Tabaco: provoca irritación y aumenta la posibilidad de contraer enfermedades respiratorias y desencadenar  alergias y asma, con lo que es mejor no fumar o no hacerlo cerca de personas alérgicas.

Aditivos nocivos: en la actualidad se usan, en exceso, alimentos procesados los cuales contienen un elevado número de aditivos (colorantes, conservantes, emulgentes…). El consumo de éstos puede provocar alergias e intolerancias. Una forma de conocer si nuestro organismo los rechaza es haciendo una dieta depurativa durante 15 días en la que dejaremos de ingerir estas sustancias, si los síntomas desaparecen volveremos a incluirlos en la dieta y, si aparecen de nuevo los síntomas entonces no hay duda de que se padece alergia o intolerancia. Los aditivos que más problemas suelen producir son el E210 (ácido benzoico), E102 (tartracita), E110, E123, E124, los sulfitos y el glutamato.

Sustancias químicas: mantén a tu hijo alejado de productos químicos, en la limpieza del hogar utiliza los menos perfumados, usa detergentes y jabones neutros, evita los ambientadores, presta mucha atención a la ropa (algunos tintes de tejidos pueden irritar la piel, es conveniente lavar todas las prendas antes de ponérselas por primera vez). Fíjate si alguna prenda le produce urticaria o si esta aparece cuando cambias de jabón, o si estornuda cuando fregas el suelo…

Los niños con neurodermatitis deberán tener especial cuidado y prestar atención a los componentes de los champús, geles, jabones de la ropa, cremas para el cuerpo, cosméticos, colonias… en general, todos los productos que están de una manera directa o indirecta en contacto con su piel, ya que pueden provocar alergia. Algunas sustancias alergénicas más comunes presentes en estos productos son el eugenol y el aldehído de canela. Ten en cuenta que la piel de los bebés y niños pequeños es extraordinariamente sensible, por eso, hay que tener mucho cuidado con la elección de los productos que compramos para ellos.

Minimizar la alergia

No podemos saber si nuestro hijo va a nacer alérgico o si va ha desarrollar la enfermedad. Pero si en la familia hay antecedentes puedes tomar precauciones que eviten una crisis aguda.

Durante el embarazo: si tu hijo tiene probabilidades de ser alérgico, disminuye (no eliminar) de tu dieta aquellos productos más alergénicos como son los frutos secos, curados (embutidos y quesos), frutas tropicales, etcétera, durante la gestación.

Leche materna: alimenta a tu bebé con leche materna todo lo que te sea posible. Cabe la probabilidad de que en esta fase se muestren ya los primeros síntomas de alergia alimentaria (eccemas o granos) pues los alergenos pasan a través de la leche materna pero aún así, no dejes de darle de mamar pues solo a través de tu leche proporcionas a tu hijo la Inmunoglobulia A (IgA) que es vital para su sistema inmunitario., dicho de otro modo, un niño alérgico que se alimenta con leche preparada puede ser mucho más alérgico que si se alimenta con leche materna. Lo que debes hacer es eliminar de tu dieta lo que a él le produce alergia.

Introducción de los alimentos: ésta debe ser más cautelar, es decir, introducirlos unos meses más tarde de la pauta general establecida. Introduce primero alguna verdura hervida e hipoalergénica como la zanahoria, el puerro o el calabacín y luego alguna fruta, también cocida, como la pera o la manzana. A posteriori introducir las carnes blancas (pollo o pavo) y luego las rojas (ternera, cordero y potro). El cerdo, el pescado y los huevos no los introduzcas hasta que el niño adquiera una mayor madurez en su aparato digestivo (alrededor de los 2 años de edad).

Ten muy en cuenta que los alimentos se deben introducir de uno en uno y con un intervalo de 10 días como mínimo, empezando por cantidades muy pequeñas que irán aumentando de forma progresiva. De esta manera si notas cualquier reacción sabrás enseguida que alimento lo ha causado.

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