Evita sobreproteger a tu hijo

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Muchos padres sobreprotegen a sus hijos sin darse cuenta que ese exceso de protección puede llegar a ser muy perjudicial para el hijo.

Con demasiada frecuencia se ve que las madres oscilan entre sentirse culpables y sobreproteger a sus hijos o actúan con frialdad, como hicieron otras madres que les antecedieron. Creen que así lograrán que los niños se comporten como si fueran mayores. Lamentablemente, ninguna de estas soluciones es creativa. Ni para el hijo ni para la madre.

Cuando una madre sobreprotege y no da a su hijo la posibilidad de equivocarse o de tener pequeñas decepciones y sufrimientos, el niño no puede averiguar lo que realmente vale. Lo que quiere, ni su verdadera identidad. Le resulta imposible descubrirse a sí mismo y ponerse a prueba. Un niño sobreprotegido no siente la sensación de victoria cuando logra algo. Se siente solo, por más que siempre haya a su lado otras personas que hacen en su lugar lo que él necesita llevar a cabo.

¿Qué razones llevan a algunas madres a confundir amor con sobreprotección? ¿Hasta qué punto la sobreprotección puede producir cambios de conducta tanto en los hijos como en el resto de la familia? La primera cuestión que hay que tener en cuenta es que no es lo mismo ocuparse del hijo que preocuparse por ayudarle a crecer como persona.

Cuando un niño es pequeño es evidente que su supervivencia depende de los cuidados maternos y paternos, o de los de otras personas que los sustituyan en ellos. Se trata de cuidados afectivos, físicos y emocionales. A medida que el niño crece y va conquistando diferentes grados de independencia y autonomía, el principal desafío de los padres es aceptar este crecimiento. Durante este tránsito conjunto, el hijo comprende que puede confiar en los demás y sentirse apoyado, y los padres aprenden a ver al hijo real, más que al pequeño que fue o al hijo que desean que sea. Es en este paso de una etapa a otra cuando a veces se cruza la línea invisible que separa el cuidado de la sobreprotección.

Cuidar es dejar crecer. Es aceptar los cambios de los hijos, darles amor, comunicarse con ellos según sus necesidades presentes y estimularles. Cuidar al hijo es ocuparse de su crecimiento y esforzarse en comprenderlo. Por el contrario, sobreproteger es producto de la preocupación, de una implicación emocional tan intensa, excesiva y controladora que acaba convirtiendo una relación potencialmente favorecedora en otra de menor calidad. Los padres que sobreprotegen desean sin duda dar felicidad a sus hijos, pero creen que ésta sólo es posible si los tienen controlados bajo su atenta mirada, ya sea en todo lo relacionado con sus juegos, con sus amigos, en sus decisiones o en su manera de pensar. La preocupación permanente por lo que ellos consideran el bienestar de sus hijos les impide darse cuenta –alcanzando a veces límites asfixiantes- de hasta qué punto se genera en la familia un círculo vicioso que también influye en ellos. Y es que mientras se afanan en evitar a los hijos cualquier peligro inminente, en decidir por ellos cómo deben pensar o cómo deben relacionarse con sus amigos, no sólo les arrebatan la posibilidad de tener nuevas experiencias, sino que se privan a sí mismos de descubrir a la exquisita, diferente, única y especial persona que tienen ante sí.

Extracto del libro Madres y malabaristas, de Nora Rodríguez, Ediciones Urano.

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Madres y malabaristas

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